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sábado, 17 de julio de 2010

La bicicleta en la historia y la historia de la bicicleta


Por: Alejandro Scarpeta

El Siglo. Bogotá, Domingo 17 de enero de 1988. Página 3.


Hay que reapropiarse de los centros urbanos. Es necesario liberara nuestras calles de los millares de automóviles que con sus gases venenosos, su ruido y velocidad, están complicando aún más nuestra agitada vida. Estas aseveraciones resumen el sentir de millones de italianos, autoridades incluidas, que se sienten sucumbir ante la avalancha de tráfico, y que ven como, además de las personas, se van envenenando y deteriorando los testimonios de su rica historia y de su esplendoroso arte.


Palacios, fuentes, estatuas, calles, monumentos y ruinas, se ennegrecen por acción de los gases contaminados que expelen miles de exostos a todas horas y en todos los rincones de ciudades italianas.


Las personas, son mayormente afectadas porque, no solamente están obligadas a respirar el envenenado aire, sino que también reciben el impacto del estruendo de los motores y de los pitos; y en forma casi inconsciente, imponen a sus actividades un acelerado ritmo automotor para el que, ni cuerpo, ni cerebro, están diseñados. Los resultados no dejan de esperarse: serios daños en el sistema nervioso, úlceras, infartos, cefaleas y complicaciones del aparatos digestivo. En el plano superior: neurosis, depresión, angustia, exasperación, complejos de culpa y por todo esto, deterioro de las relaciones interpersonales. En fin, muchísimos males que hacen de la diaria existencia un castigo verdadero.


De algunos años hacia acá, varias administraciones de distintas ciudades italianas, han tratado de establecer islas peatonales, sobre todo en aquellas zonas de las urbes consideradas centros históricos o de patrimonio artístico. Desafortunadamente, los resultados nunca han sido lo que se esperaba y lo máximo que se ha logrado conseguir con el veto de los automóviles es que los centros de las grandes ciudades se hayan llenado de motocicletas, que son, en definitiva, tan contaminantes y mucho más ruidosas que los automóviles.


Tradición ciclística


Hace una década, sin embargo, los italianos, como todos los demás europeos, se vieron en la obligación de buscar medios alternativos de transporte. Con el embargo del petróleo determinado por los productores árabes el gobierno estableció estrictas medidas de emergencia que los ciudadanos tuvieron que entender. Fue en ese momento de crisis, cuando Italia volvió la vista a un viejo y casi olvidado medio de locomoción: la bicicleta.


Italia es una de las naciones con mayor tradición ciclística. Sus fabricantes de bicicletas son famosos en todo el mundo. Sus diseños y la continua búsqueda de nuevos materiales le han colocado a la vanguardia en la producción y la venta mundial; y son muchos los italianos que han dado gloria al deporte del ciclismo, como el legendario Fausto Coppi o el más recientemente Francesco Moser.


Pero no es solamente en esto donde radica la tradición ciclística ítala. A todo lo largo de la primera mitad de este siglo, el “Caballito de Acero” se constituyó en importante objeto de la vida italiana. Campesinos y ciudadanos se servían de su comodidad para transportarse o se ganaban la vida con ella. Recordemos el valioso testimonio del director de cine neorrealista Vittorio de Sica, quien en la película “Ladrones de Bicicletas”, filmada en 1948, plantea el desastre que significa para un hombre el robo de este aparato que es su único medio de subsistencia. “Ladrones de Bicicletas” seguirá siendo un clásico del cine, pero el “Caballito de Acero” ha sido relegado a un apartado lugar. Según estadísticas, en Italia hay 20 millones de bicicletas, una cifra considerable que no significa nada visto que la mayoría de estos aparatos permanece quieta durante casi todo el año.


Por la reivindicación de la bici


No obstante hay buenas noticias. Con el auge de la consciencia ecológica y gracias al impulso de la administración pública y al interés de los privados, se ha dado inicio a un plan, a gran escala, que pretende reivindicar el uso de la bicicleta como medio de transporte y como paso vital para apoyar los planes de protección del patrimonio italiano.


La iniciativa que ha tenido gran acogida por parte de la ciudadanía, ha resultado en el desarrollo de toda suerte de eventos para alegría de los cultores del ciclismo, quienes a pesar del frío, la lluvia y el viento salen cada vez con más frecuencia, festejando a pedalazo limpio la lucha del viejo y amado velocípedo contra el invasor automóvil. Y los eventos en torno al tema se multiplican.


El 24 de noviembre, por ejemplo, la casa Cinelli junto con el productor de superbicicletas Gianni Vettore abrió exposición de un mundo de maravillas para el ciclista de los años noventa. Otro acontecimiento, que es causa de enorme expectativa es la presentación de la bicicleta de carreras de la casa Ferrari. Con el ingreso de una de las más famosas industrias de automóviles del mundo al universo ciclístico, se abren, ciertamente, nuevas e interesantes perspectivas para el futuro ciclismo.


La bicicleta desde hace 23 siglos


Esto era de esperarse. No en vano ha sido una de las más revolucionarias creaciones humanas cuya historia no es tan reciente como se pueda creer.


De hecho, en un jeroglífico del tempo de Amon den Luxer, correspondiente a la época del mayor esplendor egipcio, se ve a un hombre sentado sobre una barra sostenida entre dos ruedas. Y 23 siglos antes de Cristo, en China, el “Dragón Feliz” se transportaba sobre ruedas de bambú. Muy posteriormente el genial Leonardo DaVinci diseño un vehículo a dos ruedas que se movía gracias a la fuerza de una tercera rueda dentada.


Ninguno de estos, empero, era el momento histórico de la bicicleta que sólo podía nacer en el siglo de las luces, cuando toda la inteligencia europea se volcó con fervor a buscar la felicidad humana con el auxilio de la máquina.


El primer intento moderno de la bicicleta fue realización del conde de Sevrac quien en 1790 ideó el velocífero. En 1818, el barón alemán Vor Sauerbroun creó la draisina; y un año después, los italianos Sangiorgi y Casalini presentaron el velocimano que se movía a fuerza de brazos. En fin, en 1855 el francés Michaux aplicó el pedal a la rueda anterior desmesuradamente grande, hasta cuando el inglés Sargent igualó el tamaño de las dos ruedas y aplicó la transmisión a cadena. A partir de ese momento la fantasía de la humanidad se desencadenó, aun cuando hay que anotar que antes de ser vehículo popular, la bicicleta fue durante mucho tiempo enemiga del pueblo y, sobre todo, del orden constituido.


La bicicleta nació como accesorio elegante, usado por aristócratas, excéntricos y artistas. Los afiches de la época la enmarcan en encuentros mundano, como las carreras de caballos, en donde daba cita lo más granado de la sociedad. Pero, además, el invento revolucionó la moda, dio nacimiento a muchísimas nuevas tendencias, sorprendentes varias de ellas, pero que habrían de influenciar y determinar las épocas que vendrían.


Pero volvamos a lo que sucede en Italia por estos días. Desde el 23 de noviembre y hasta finales de la primavera del año próximo, la firma industrial Ansaldo pondrá a disposición del público un amplio pabellón, en donde tendrá lugar la exposición “El hombre a dos ruedas” que seguirá la historia de la bicicleta desde sus orígenes hasta nuestros días.


Replantear la filosofía sobre ruedas


La exposición está dividida en cuatro secciones determinadas. La primera está dedicada a la historia, el arte y la literatura en torno a la bicicleta; la segunda, presenta la bicicleta como distracción y deporte; en la tercera sección, se ven los aspectos de la función social de la bicicleta; y la cuarta, en fin está dedicada a la moda, la decoración y el diseño, siempre con referencia al ciclismo.


En la tercera sección de la muestra, hay un sector dedicado a la bicicleta y la mujer que vale la pena destacar, visto que presenta la función que desempeño el “Caballito de Acero” en el proceso de emancipación femenina.


Con la exposición de la Ansaldo en Milán y todos los demás eventos que se llevan a cabo en Italia nos preguntamos ¿logrará la bicicleta constituirse en símbolo y objeto de una vida urbana más humana? Italia no es Holanda, en donde el ciclismo es espontáneo, ni China, país donde la bicicleta da un “Status”. Sin embargo, cuando recientemente la alcaldía de Milán puso centenares de bicicletas a disposición de los ciudadanos, estas fueron acogidas con furor. Y en Roma se ven cada vez más personas de todas las edades pedaleando. En resumen Italia reproduce el uso de la bicicleta y replantea la filosofía sobre ruedas. Los italianos responden.


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Ese simpático adminiculo de dos ruedas que, entre otras cosas, tiene por finalidad movilizarse, está infinitamente ligado a la idiosincrasia del pueblo colombiano. No en vano Lucho Herrera es más querido y conocido que el Presidente de la República.


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