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martes, 28 de septiembre de 2010

CiCLeadas, más y más CiCLeadas

Por: Jorge Iván Ballesteros Toro

"La capital de la montaña en el valle de Aburra, una ciudad donde las flores viven una eterna primavera"

Y continúan, y se mueven, y gozan, y vibran, y giran, y ríen, y sueñan, y meditan, y animan. Mientras pasan los otros se miran y miran, se preguntan y preguntan, se acercan, acercan y se suman; Por qué será?


Por allá en el siglo XIX hubo un invento que revolución gran parte de lo que conocemos hoy día. Ese invento de dos ruedas sin motor que dio origen a la rueda de Chicago, que impulso máquinas por los aires y máquinas agitadas de 2 o 4 ruedas terrestres, y otros inventos más, se propuso con la ayuda de San Pedro Santo recorrer la ciudad dominada por las máquinas agitadas. Una noche del 22 de septiembre de 2010, en conmemoración del día mundial sin máquinas agitadas “carros”, con la luna como antesala de una buena CiCLeada, se encontraron las SiCLas para recorrer a puro Contrapedal en un espacio de fiesta, en un BiciParty.


Ahí estaban los caballitos de acero, antiguos y nuevos, limpios y sucios, pero ahí estaban. Llego uno, y dos y tres, hasta 38 jinetes. Buen número para ser la primera CiCLeada. Viajamos desde la costa de Barranquilla, pasando por un punto Cero a la visita del expresidente Carlos E, luego cruzamos por la 65 y cogimos un Hueso para el Estadio, hasta la vieja gloria de los 70, y fue ahí cuando los Laureles sonaron y apareció una vieja gloría, no la del corresponsal, esta si una vieja gloría del ciclismo, nuestro Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, quien se paró de la silla y pronunció “hagamos un día sin carro” y “Cuenten conmigo para la próxima”, eso sí, todas y todos lo saludamos y luego vinieron las fotos y los autógrafos. Después más pedalazos y la CiCLeada siguió por un Jardín, luego por una antigua de 76 y 80 hasta terminar en la Villa de Aburrá.


Un viaje que contó con paleteros, fotógrafos, gps y botiquín para bicis como se vio en el Estadio. También llego el GreenPeace con lapicero y formato recogiendo firmas para apoyar proyectos en Colombia, como el dedicado a la protección de los páramos. De la CiCLeada quedan buenas notas, como el gesto de todas la bicis ubicadas en el centro de la plazoleta de la Villa de Aburra, el aplauso de tod@s por el goce y disfrute, el reconocimiento de la ciudad, el apoyo de varios conductores en la vía y las miradas sesgadas de unos, los semáforos en rojo que nos pasamos y los que estaban en verde que respetamos, la fila de dos que hicimos cuando viajamos de Barranquilla hasta donde el expresidente Carlos E, el tiempo mínimo de los semáforos para el cruce de los ciclistas, el mal estado de algunos tramos de la cicloruta, la basura que gente inescrupulosa deja sobre la cicloruta (como se observó sobre la 70), la necesidad de un programa para la promoción de la bicicleta como medio de transporte en la ciudad y otras cosas más que se irán construyendo y consolidando, es cuestión de tiempo.


De la primer CiCLeada un gran aplauso, la buena vibra del saludo entre ciclistas, el ánimo, la alegría, el disfrute de la ciudad y el poder volar y soñar con cada pedalazo. Pronto, la bicicleta y su jinete, dotados de ingenio gritarán “CiCLeadas, más y más CiCleadas”.

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